El observatorio Gemini del Sur, situado en Chile, capturó la imagen de estas galaxias gemelas NGC5426 – NGC5427 (Arp 271), haciendo uso del Espectrógrafo Multi-objetos (GMOS).
Las galaxias espirales, situadas a unos 90 millones de años-luz, en la constelación de Virgo, aparecen fundidas en un abrazo cósmico, que inició hace centenares de millones de años.
Las galaxias NGC 5427, totalmente de frente, y NGC 5426, observada en forma oblicua, se encuentran unidas por un puente de materia que posee una extensión de unos 60.000 años-luz. Este tipo de puente es una de las primeras pruebas que buscan los astrónomos para concluir que las galaxias se encuentran en interacción.
Las colisiones galácticas generan zonas en donde se incrementa la formación de estrellas. Estas zonas, denominadas regiones HII, aparecen de color rosado en la imagen.
El 30 de junio de 1908, en los bosques del río Tunguska en Siberia, a las 8 horas y 17 minutos hora local, se produjo una violenta explosión. Una inmensa área forestal de aproximadamente 2.200 km2 fue completamente asolada; en su centro todo quedó calcinado y los objetos de metal, fundidos (utensilios de cocina en una cabaña abandonada). A su alrededor todos los árboles cayeron en forma radial apuntando hacia el centro, mientras rebaños enteros de renos quedaron aniquilados encontrándose sólo sus osamentas calcinadas.
Por fortuna la zona estaba deshabitada; los primeros testigos a 60 kilómetros del siniestro reportaron una extraordinaria luminosidad y una brusca elevación de la temperatura que quemó algunas cabañas y hasta el pelo y la ropa de varias personas. La detonación se oyó a más de 900 kilómetros con tal fuerza que se reportó rotura de cristales a 650 kilómetros del sitio. Los sismógrafos de la ciudad de Ikustsk, 2000 km al sur, registraron un sismo en una remota región llamada Tunguska. El fenómeno también se sintió a escala mundial: dos ondas de presión atmosférica le dieron la vuelta al planeta y las altas capas de la atmósfera se iluminaron de modo extraño durante dos meses; ¡en Moscú se podía leer el periódico en las noches sin Luna!
Pero el evento de Tunguska pasó inadvertido por los científicos durante 20 años gracias a las enormes dificultades de acceso a una región tan remota y a la turbulencia política de la Rusia de entonces.
En 1927 Leonid Kulik -el padre de la ciencia meteórica rusa- realiza la primera expedición científica al sitio constatando la destrucción del bosque, la ausencia de un cráter y ningún rastro de fragmentos de meteoritos. Pruebas magnéticas, excavaciones y sondeos en lagos y pantanos fallaron en detectar un simple gramo de algún metal meteórico.
Entonces ¿Que sucedió?
Las explicaciones iniciales fueron muy originales, incluyendo el choque de partículas de materia con antimateria, un agujero negro errante y hasta el accidente de una nave extraterrestre. Ahora se sabe que la explosión de Tunguska fue un evento necesariamente producido por un objeto proveniente del espacio exterior. Las investigaciones aéreas se iniciaron en 1935 y permitieron establecer que, a juzgar por la disposición de los restos del bosque, la catástrofe fue producida por una explosión a unos 7 km de altura. Las primeras estimaciones aseguraron que el evento tuvo la fuerza equivalente a la de 1.000 veces la bomba atómica que arrasó con Hiroshima, unos 10 a 20 megatones. Según los testigos entrevistados, el objeto responsable entró con un ángulo entre 10º y 30º sobre el horizonte y la cola de fuego del bólido tenía 800 km de largo.
Desde 1958 se han realizado 44 expediciones científicas, incluyendo la primera con expertos extranjeros invitados por el gobierno ruso apenas en 1989. Hay diversas hipótesis que señalan al responsable del evento como un meteorito o un cometa. El científico Gennady Plehanov lideró dos expediciones en 1959 y 1960 buscando evidencia de anomalías radioactivas pero no encontró nada. Esa misma expedición calculó que los árboles fueron arrasados por una onda de choque en dirección Este a Oeste.
En 1992, Yevgeniy Kolesnikov, un especialista en química cósmica, apoyó la idea de un cometa. El físico italiano Menotti Galli identificó en 1991 partículas cósmicas en la resina de varios árboles que apuntan a que el culpable fue mas bien un meteorito. Para muchos investigadores que no dudan de la hipótesis del meteorito el debate debe reducirse a identificar el tipo de meteorito. La mayoría de los meteoritos son pétreos y algunos son ricos en carbón orgánico y se conocen como condritas. Otros tienen mucho hierro. La composición y densidad del meteorito debe reflejarse en su efecto. Igualmente, si lo que en Tunguska explotó fue un cometa, su firma debe ser reconocible; el problema es que además de elementos livianos como hidrógeno y helio, algunos cometas también contienen núcleos con elementos pesados.
Los estadounidenses entraron en la polémica en 1994 recreando simulaciones por computadora a partir de toda la información disponible. Chris Chaba de Princeton, Paul Thomas y Kevin Zahnle de la NASA argumentaron que los objetos pequeños se queman rápidamente en la atmósfera, mientras los grandes alcanzan la superficie. Pero las simulaciones mostraron que cuando cae uno mediano, entre 5 y 100 metros, el bólido es sometido por el aire a una intensa presión en el frente y casi nada en la parte trasera. Como resultado de la diferencia de fuerzas el objeto se deshace. A su vez los fragmentos son sometidos a la misma diferencia de presiones, y continúan destruyéndose. Pero todo esto sucede en décimas de segundo, desde un objeto sólido hasta una nube de residuos, literalmente, una explosión en el aire. Una simulación posterior dedujo que la temperatura del aire en el frente alcanzaría 45.000 ºC.
Pero continua el misterio sobre la identidad del intruso; si contenía hielo, roca, hierro o algún otro material, su grado de porosidad, o cual fue su velocidad, y cual su verdadero ángulo de ingreso. Los meteoritos metálicos son tan fuertes y densos que caen casi intactos. Los cometas pequeños son tan delicados que se deshacen a enormes alturas. El objeto ideal para el grupo de la NASA sería entonces un meteorito pétreo de unos 50 metros cuya explosión arrojó suficiente polvo en las capas altas de la atmósfera como para reflejar la luz del Sol durante varios días.
Sin embargo a los rusos no les gusta la idea del asteroide o meteorito. Año tras año, y expedición tras expedición de búsqueda de evidencias en el sitio, es un regreso con las manos vacías, lo cual según ellos apoya la hipótesis del cometa. Simulaciones recientes ahora indican que el objeto que asoló a Tunguska es más pequeño de lo estimado, lo cual tiene serias implicaciones, pues tales colisiones serían entonces mucho más probables. La nueva simulación indica que la explosión generó una onda que se transportó hacia abajo a una velocidad mayor que la del sonido y tomó la forma de un chorro de gas de alta temperatura que se ensanchó con violencia. Esta interpretación afirma que en el momento del choque el bosque no gozaba de buena salud, por lo que las estimaciones anteriores exageraron algunos aspectos de la devastación. La explosión fue entonces de “solo” 3 a 5 megatones.
¿Cuál sería el resultado de un evento tipo Tunguska sobre una zona habitada o urbana? La respuesta inmediata: una catástrofe. Las tablas de riesgo de colisiones señalan que un impacto de la Tierra con un objeto de entre 50 y 100 metros sucede una vez cada 50 a 500 años. De allí el monitoreo intenso al cual esta sometido el espacio en búsqueda de tales potenciales visitantes.
Por ahora los científicos rusos impulsan la idea de declarar la región del Tunguska como una reserva natural de importancia mundial, la prueba reina de un evento que ha sucedido muchas veces antes, y que con toda certeza volverá a suceder.
El aterrizador Phoenix de la NASA realizó ayer su primer experimento de química húmeda sobre el suelo marciano, devolviendo una enorme cantidad de datos que para los científicos de Phoenix ha sido como si les tocara la lotería. Estamos bañados en datos químicos", dijo Michael Hecht del JPL de la NASA, científico líder del instrumento MECA en Phoenix. "Estamos tratando de comprender como es la química del suelo húmedo en Marte, que se ha disuelto en él, como de ácido o alcalino es. Con los resultados que hemos recibido de Phoenix ayer, podemos comenzar a contar que aspectos del suelo podrían soportar la vida".
"Este es el primer análisis químico húmedo jamás hecho en Marte o en cualquier otro planeta que no sea la Tierra", dice el co-investigador de Phoenix Sam Kounaves de la Universidad de Tufts, líder de la investigación de química húmeda.
Un 80 por ciento del primero de los dos días de análisis químico húmedo de Phoenix ya está completado. Phoenix tiene tres celdas químicas más para ser usadas más tarde en la misión.
"Este suelo parece ser un análogo cercano al suelo de la superficie que se encuentra en los altos valles secos de la Antártida", dice Kouvanes. "La alcalinidad del suelo en esta localización es definitivamente sorprendente. En esta localización, un par de centímetros bajo la superficie, el suelo es muy básico, con un pH entre 8 y 9. Además hemos encontrado una gran variedad de componentes de sales que no hemos tenido aun tiempo de analizar e identificar, pero que incluyen magnesio, sodio, potasio y cloruros". "Hay más evidencias de agua porque las sales están ahí. Además hemos encontrado un razonable número de nutrientes o compuestos químicos necesarios para la vida como la conocemos", dice Kounaves. "Con el tiempo, he llegado a la conclusión de que lo sorprendente de Marte es que no es un mundo extraño, que en muchos aspectos como la mineralogía, es muy similar a la Tierra.".
Otro instrumento analítico en Phoenix, el instrumento TEGA, calentó su primera muestra de suelo hasta los 1.000ºC. Nunca antes una muestra de suelo de otro mundo había sido calentada hasta esta temperatura.
Los científicos de TEGA han comenzado a analizar los gases expulsados a varios rangos de temperaturas para identificar los compuestos químicos del suelo y del hielo. El análisis es muy complicado y es un proceso de varias semanas de duración. Pero los "datos científicos que están viniendo del instrumento están siendo espectaculares", dice el co-investigador William Boynton de la Universidad de Arizona. "En este momento podemos decir que el suelo ha interactuado claramente con el agua en el pasado. Aun no sabemos si la interacción ha ocurrido en esta zona en particular de la región polar norte o si ha pasado en cualquier otro lugar y ha sido traido hasta aquí como polvo".
Leslie Tamppari, científica de Phoenix del JPL, comentó que Phoenix ha cumplido durante sus primeros 30 días marcianos de misión, y da pistas sobre los futuros planes.
La cámara SSI ha completado el 55% de su panorama de 360º a color del lugar de aterrizaje, dijo Tamppari. Además ha analizado dos muestras en el Microscopio Óptico así como las primeras muestras en TEGA y MECA. Además ha recogido información diaria sobre las nubes, el polvo, los vientos, las temperaturas y presiones en la atmósfera, así como mediciones atmosféricas nocturnas.
Las cámaras del aterrizador confirmaron que los trozos blancos expuestos durante la excavación de las zanjas eran agua congelada ya que se sublimaron en pocos días. El brazo robótico ha excavado zanjas y ha tomado muestras y continuará excavando en la zanja Snow White en el centro de un polígono del terreno.
"Creemos que este es el mejor sitio para crear un perfil de la superficie desde arriba hacia abajo en la esperada capa de hielo", dijo Tampparu. "Este es el plan que queremos hacer desde que propusimos la misión hace muchos años. Queremos un lugar como este en el que podamos coger muestras de suelo hasta llegar a la posible capa de hielo".
Las enormes diferencias topográficas existentes entre los hemisferios de Marte se deben al impacto de un enorme objeto espacial, cometa o asteroide, de unos 2.000 kilómetros de punta a punta, según varias investigaciones que publica esta semana la revista científica británica "Nature".
La "doble cara" de la corteza de Marte, con un hemisferio norte de lisas llanuras y un hemisferio sur de relieve escarpado y grueso, es consecuencia del choque de un cuerpo hace 3.900 millones de años.
Hasta ahora existían dos hipótesis para explicar la dicotomía de la corteza marciana: el choque de un gran asteroide o procesos internos de fundición de materiales.
Sin embargo, el análisis de la cuenca gigante que ocupa el 40 por ciento del planeta, llamada cuenca Borealis, ha permitido a los científicos comprender que se trata de los restos de un gran impacto que se produjo en la etapa de formación del Sistema Solar.
Científicos del Instituto de Tecnología de California, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, del Instituto Lunar y Planetario de Houston y de la Universidad de California han contribuido a revelar los misterios de Marte. La cuenca marciana, de 8.500 kilómetros de ancho y 10.600 de largo, es cuatro veces más extensa que los siguientes impactos de mayor tamaño conocidos: la cuenca de Hellas, también en Marte, y la de South Pole-Aitken, en la Luna.
Como desde el momento del supuesto choque se han ido formando grandes volcanes en el borde de la cuenca que han deformado el terreno y han difuminado sus límites, era necesario disponer de datos de cómo era la superficie marciana antes de las erupciones.
La combinación de los datos de gravedad relativos a la corteza originaria proporcionados por la nave Mars Reconnaissance Orbiter y de los datos sobre la superficie captados por la Mars Global Surveyor ha permitido reconstruir el mapa de las elevaciones del planeta antes de sufrir las erupciones volcánicas.
Esta reconstrucción muestra una cuenca elíptica, y hay signos de un segundo anillo, algo común cuando se produce un gran impacto.
El profesor Jeffrey Andrews-Hanna, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, explica que el único mecanismo capaz de producir estas enormes depresiones elípticas en el suelo es un choque.
Los científicos han reconstruido este impacto y aseguran que el objeto que se precipitó sobre la superficie de Marte medía 2.000 kilómetros de diámetro y chocó de forma oblicua, con un ángulo de 45 grados, algo que explicaría la forma oval de la cuenca.
Un pequeño ángulo de impacto habría permitido que la elipse del cráter no se destruyera, a pesar de que parte del terreno cambió debido al choque y los materiales se fundieron.
Andrews-Hanna indica que el Sistema Solar era en sus primeros momentos un "lugar muy peligroso para un planeta", pero reconoce que sin estos impactos los planetas no hubieran sido los mismos que son hoy.
La sonda Phoenix ha recolocado ligeramente el brazo robótico y está en estos momentos preparada para introducir una muestra en su laboratorio de química húmeda.
La preparación de la muestra y su análisis están planeados para esta mañana del 25 de junio, que será el día 30 de la misión. La Phoenix está, por tanto, a punto de realizar el primer experimento de química húmeda realizado jamás en terreno polar de Marte, examinando con él la salinidad, acidez y otras características.
El laboratorio de química húmeda forma parte del paquete de instrumentos llamado Analizador de microscopía, electroquímica y conductuvidad o MECA.
El faraón Dyedefra, que reinó en Egipto hacia el año 2556 antes de Cristo, hace casi cinco milenios, construyó la pirámide con más altura y magnificencia de las cuatro que se veían desde las orillas del Nilo.
Un grupo internacional de arqueólogos ha descubierto que las ruinas que hoy pueden verse en Abu Rawash, a pocos kilómetros de El Cairo, corresponden a la llamada pirámide perdida, cuyas piedras han acabado con muchas de las leyendas que han rodeado el reinado del que fuera el heredero de Keops.
«Esta pirámide fue la más alta de todas las del complejo de Giza [Keops, Kefrén y Micerinos] y su piedra era de mejor calidad. Durante años se pensó que no había sido terminada de construir, pero hemos comprobado que no fue así. Sus piedras fueron utilizadas durante siglos para construir en El Cairo», señala Zahi Hawass, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades egipcio.
«Durante los 12 últimos años hemos excavado allí y hemos sacado a la luz gran parte de la historia de la IV dinastía, las luchas por el poder y parte del misterio de la construcción de las pirámides», añadía en la presentación internacional del documemental 'La pirámide perdida', una película rodada durante tres años de excavaciones por Canal Historia, que podrá verse en septiembre en España.
Los restos de la pirámide del enigmático Dyedefra no levantan hoy más de 10 metros del suelo. Están en una colina de Abu Rawash, una zona militarizada de acceso restringido. Alrededor el reseco desierto y al fondo, impresiona la negra nube de contaminación de El Cairo.
Entre la neblina también se adivinan las siluetas de las otras tres pirámides de Giza, con las que esta majestuosa obra nunca estuvo conectada, según los arqueólogos.
Hawass cree que el hijo de Keops eligió este lugar a cierta distancia de Giza, el cementerio de su dinastía, porque quería ser independiente de su familia y su alto enclave pondría su tumba más cerca del Sol, su dios. Ocho años de construcción
La pirámide, a tenor de los últimos hallazgos, superaba en 7,62 metros de altura a la de Keops, que tiene 146 metros. Cada una de las caras, en su base, medían 122 metros y el ángulo de inclinación era de 64 grados, si bien una variación impidió que se colapsara. Fue levantada con caliza y granito rojo de Asuán, como la de su padre. El material llegaba desde 800 kilómetros de distancia por el Nilo y alcanzó Abu Rawash a través de grandes canalones. Allí, utilizando una dura piedra de dolerita, se partían los bloques, a los que daban la forma precisa con una especie de sierra de cobre con el filo de cuarzo. Cada una de las piezas de ese inmenso puzzle pesaba hasta 25 toneladas y se necesitaban hasta 370 personas para moverla.
La mayoría de los trabajadores que llegaron a Abu Rawash, unos 15.000 en los ocho años que duró la construcción, fueron agricultores que realizaban este trabajo cuando las crecidas del Nilo inundaba sus tierras de cultivo. «Cuando comenzaban el trabajo, realizaban marcas en las piedras con un tinte rojo», explica sobre el terreno el egiptólogo Hassan Abd El-Razek.
Una profunda grieta en la tierra, que fue el pasaje de bajada a la cámara subterránea, está ahora al aire libre y ha servido para comprobar que en la primera fase se utilizó argamasa para consolidar el interior donde debía descansar el faraón en su viaje a la otra vida.
En el exterior aún el suelo está plagado de fragmentos de pequeñas vasijas donde se llevaban las ofrendas a Dyedefra. El-Razek muestra también el lugar donde aparecieron varias estatuas rotas del faraón, así como las ruinas de lo que debió ser el templo, cuyas obras de reconstrucción fueron paralizadas por Zahi Hawass.
Anthony Geffen, productor del documental, también aporta detalles de la gran obra mientras, bajo un sol abrasador, pasea entre las milenarias piedras. «La pirámide estaba recubierta de granito pulido y por una aleación de oro, plata y cobre que brillaban al sol en señal de poder». La pirámide de Abu Rawesh se podrá visitar a partir de 2009, pero sólo por su parte exterior. Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2008/06/01/ciencia/1212318507.html